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CR News – Octubre 2025 • Volumen XX, Número 18

      

¿A qué se refiere “el cuerpo de Moisés” en Judas 9?

Judas 9 habla de “Miguel el arcángel” como “disputando contra el diablo” “por el cuerpo de Moisés.” Esto no se refiere al cuerpo literario de Moisés (Génesis a Deuteronomio y Salmo 90) ni al cuerpo civil de Moisés (el pueblo judío). Judas 9 trata del cuerpo físico de Moisés, compuesto de su carne y sus huesos.

Es difícil incluso imaginar una disputa significativa entre Miguel y Satanás acerca del cuerpo (anatómico) de Moisés durante su vida terrenal. En cambio, Judas 9 se refiere al cuerpo de Moisés después de su muerte. Deuteronomio 34 nos informa de la muerte de Moisés y del entierro que Dios mismo le dio “en un valle en la tierra de Moab, frente a Bet-peor”, así como del carácter secreto del lugar de su sepulcro: “y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy” (6).

Hay dos propuestas principales sobre el tema de la disputa entre Miguel y el diablo por el cuerpo (muerto) de Moisés. En primer lugar, se sostiene que Satanás quería dar a conocer la ubicación terrenal de la tumba de Moisés para conseguir que judíos supersticiosos le adoraran allí. En segundo lugar, la controversia giraba en torno a la justicia de Dios al traer el cuerpo de Moisés al cielo en algún tiempo después de su sepultura.

Aquí hay un argumento sencillo en contra de la primera opinión. Judas 9 no dice que Miguel y el diablo disputaran sobre el sepulcro de Moisés (ni sobre si debía hacerse pública su ubicación). En cambio, Judas 9 afirma que la disputa fue acerca del “cuerpo de Moisés”.

La segunda opinión encuentra apoyo en las dos personas que aparecieron en la transfiguración de Cristo: Moisés y Elías (Mat. 17:3-4). En 2 Reyes 2, Elías fue llevado al cielo corporalmente y apareció corporalmente en el monte santo. Puesto que Moisés vino a Jesús en una forma semejante a la de Elías, seguramente su cuerpo también había sido llevado al cielo, al igual que el del tisbita. Esto presenta una justificación teológica para una disputa entre Satanás y Miguel respecto al cuerpo de Moisés, con el diablo afirmando que Dios no tenía derecho a llevarlo al cielo (antes de la muerte expiatoria y la ascensión victoriosa de Cristo).

Esto nos da tres cuerpos en el cielo en los días del Antiguo Testamento. El primero en orden cronológico es Enoc, que nunca murió, sino que fue trasladado en cuerpo y alma al cielo (Gén. 5:24; Heb. 11:5). En segundo lugar, Moisés murió y fue enterrado (Deut. 34:5-6), pero después su cuerpo fue llevado al cielo (Judas 9) y reunido con su alma. En tercer lugar, al igual que Enoc, Elías nunca murió, sino que fue llevado en cuerpo y alma al cielo (2 Reyes 2:11).

Así, dos figuras del Antiguo Testamento fueron trasladadas sin experimentar la muerte: Enoc y Elías. Tres varones piadosos del Antiguo Testamento tuvieron sus cuerpos llevados al cielo: Enoc, Moisés (quien murió primero) y Elías. De estos tres, dos regresaron corporalmente para hablar con Jesús acerca de su partida de este mundo: Moisés y Elías, quienes representaban, respectivamente, las dos principales divisiones de las Escrituras del Antiguo Testamento, la Ley y los Profetas.

Una lección que se desprende de esto concierne al cuidado de Dios por su pueblo a través de los ángeles. Nuestro Padre celestial vela por nosotros y nos cuida por medio de los ángeles mientras vivimos, tanto en nuestros cuerpos como en nuestras almas (por ejemplo, 2 Reyes 6:8-23). Nuestro misericordioso Salvador también nos protege por medio de los ángeles después de la muerte, tanto en lo que respecta a nuestras almas, como en el caso de Lázaro el mendigo (Lucas 16:22), como en lo que respecta a nuestros cuerpos, ¡como sucedió con Moisés! (Judas 9). Rev. Stewart


La pronta venida de Cristo

Un lector pregunta sobre la pronta venida de nuestro Señor en relación con el libro de Apocalipsis: “¿Cuál es nuestra respuesta a la afirmación preterista o postmilenialista de que la mayoría de las visiones apocalípticas en el libro de Apocalipsis se cumplieron dentro de un tiempo relativamente corto después de que el apóstol escribió—dentro del futuro inmediato de Juan—y ciertamente no miles de años después? Ellos sostienen que los ‘juicios’ de Dios y la ‘venida de Cristo’ registrados en Apocalipsis deben haber sido referencias ‘espirituales’ o ‘figurativas’ a la caída de Jerusalén ante los romanos en el año 70 d.C.

Como prueba, señalan que Cristo utiliza múltiples indicadores temporales a lo largo del libro de Apocalipsis, tales como ‘el tiempo está cerca’ (1:3); ‘vendré a ti pronto’ (2:16); ‘He aquí, vengo pronto’ (3:11; 22:7); ‘el tiempo [para el cumplimiento de las cosas escritas en este libro] está cerca’ (22:10). ¿Qué otra cosa significa estas referencias temporales: ‘en breve’, ‘pronto’ y ‘rápidamente’? Los preteristas / postmilenialistas argumentan que estas palabras “significan lo que dicen”.

El preterismo, mencionado en la pregunta, es la postura que sostiene que los pasajes proféticos del Nuevo Testamento que hablan del regreso de Cristo y de las señales de su venida, y de cosas como el Anticristo y la gran tribulación, ya se han cumplido y pertenecen al pasado (el preterismo es literalmente “pasado”). El preterismo encuentra el cumplimiento de estos pasajes, especialmente Mateo 24 y la mayor parte del libro de Apocalipsis, en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Algunos preteristas enseñan que la resurrección de los muertos ya ocurrió y que el único futuro para los creyentes está aquí en la tierra. Así, afirman, no habrá segunda venida, ni cielo, ni día del juicio venidero (por ejemplo, David Chilton, Stephen Perks, Max King). Esta postura es conocida como hiperpreterismo o preterismo completo o preterismo consistente.

Estas opiniones están estrechamente asociadas con el postmilenialismo, la postura que sostiene que el futuro de la iglesia será un periodo muy prolongado de paz y prosperidad aquí en la tierra, y que esto constituirá el cumplimiento de las profecías de las Escrituras acerca del reino venidero de Cristo. Las opiniones difieren entre los postmilenialistas, pero en términos generales esperan un tiempo en que la iglesia será dominante en el mundo, disfrutando de un periodo de rápido crecimiento y bendiciones terrenales. Muchos postmilenialistas creen que este periodo corresponderá al milenio de Apocalipsis 20.

El preterismo lleva esto un paso más allá e insiste en que aquellos pasajes que parecen (a los milenialistas) predecir un futuro difícil para la iglesia (por ejemplo, persecución, apostasía y su condición de “remanente”), ya se han cumplido. Así, acusan a los amilenialistas de pesimismo y se consideran a sí mismos optimistas respecto al futuro de la iglesia en el mundo.

Una respuesta sencilla a la postura preterista o postmilenial de que Mateo 24 y la mayor parte de Apocalipsis ya se han cumplido y terminado, es que si eso fuera asi, estas Escrituras entonces no tendrían ningún significado ni aplicación para nosotros, salvo como cuestiones de curiosidad histórica y, por lo tanto, bien podrían ser eliminadas de nuestras Biblias. Entonces, todas las advertencias y promesas de Mateo 24 y de Apocalipsis no serían para nosotros, sino para una generación ya desaparecida.

Esta visión de la profecía es muy simplista y errónea. La profecía rara vez tiene un solo cumplimiento, sino que más bien posee un cumplimiento continuo. Por lo general, tiene un cumplimiento limitado en la época en que fue dada (por ejemplo, la destrucción de Jerusalén en Mateo 24), pero tambien un cumplimiento que se extiende a lo largo de los siglos siguientes, alcanzando su cumplimiento final únicamente en la venida de Cristo y el fin del mundo (más sobre esto en el próximo artículo).

Debido a que la profecía tiene un cumplimiento continuo, sin importar cuándo vivamos, debemos obedecer la advertencia de Jesús: “Mirad que nadie os engañe” (Mat. 24:4). Esa advertencia no fue solo para aquellos que vivirían para ver la destrucción de Jerusalén, sino para ti y para mí. La promesa es también para ti y para mí: “Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo” (13). La profecía siempre es relevante porque su cumplimiento no está limitado a un solo acontecimiento ni a un solo momento en el tiempo.

Cuando Él habló de venir pronto o en breve, Cristo no quiso decir que regresaría corporalmente dentro de los siguientes cuarenta años aproximadamente. Ese fue el error de los tesalonicenses, quienes pensaron que “pronto” significaba que Jesús regresaría en su tiempo de vida. Al pensar así, se volvieron ociosos, quedándose sentados esperando la aparición de Cristo. Al no trabajar y sin nada mejor que hacer, se convirtieron en entrometidos (2 Tes. 3:10-12), preocupados por la idea de que aquellos miembros de la congregación que habían muerto se habían perdido la venida del Señor (cf. 1 Tes. 4:13-18).

Si la pronta venida de Cristo significara que Él vendría personalmente en el año 70 d.C., y que todas las promesas relacionadas con su venida ya se han cumplido, entonces tú y yo también nos lo habríamos perdido todo. En tal caso, no tendría sentido velar y esperar, no habría esperanza de un reino futuro y más glorioso, sino únicamente de algún reino terrenal en esta época. Entonces bien podríamos comer, beber, alegrarnos y morir, porque, si este mundo es todo lo que tenemos, no tenemos nada.

Cuando pensamos en la promesa de Cristo de venir pronto, no debemos medir ese “pronto” en términos de días, semanas, meses o años, sino recordar que Él viene en el tiempo designado por el Padre (Hechos 1:7), y que la cercanía de su venida debe medirse según el reloj y el calendario del Dios eterno, para quien un día es como mil años y mil años como un día (2 Ped. 3:8; Salmo 90:4). También debemos recordar que, en el calendario de Jehová, toda la era del Nuevo Testamento constituye los “últimos días”. Desde ese punto de vista, sin importar cuándo viva uno en la era del Nuevo Testamento, la venida de Cristo es pronta, pues es el próximo gran acontecimiento redentor.

La venida de Cristo también está cerca porque su venida no es solo futura, sino que es siempre presente (Mat. 28:20). La verdad no es solo que Él vendrá, sino que ya está viniendo. Así lo dijo a los líderes judíos: “Desde ahora [es decir, a partir de este momento] veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (26:64).

La aparición visible y personal de nuestro Señor como juez de todas las criaturas racionales y morales debe esperar hasta el fin de esta era, pero Él también viene de muchas otras maneras. Él viene a través de su Espíritu (Juan 14:16-18). Él viene por medio de la predicación del evangelio (Juan 10:27-28). Él viene en las señales de los tiempos (Mateo 24:3), pues ellas son el sonido de sus pasos mientras Él viene. Él viene mediante los juicios que Él ejecuta en este mundo (cf. Juan 12:31). Él viene en la muerte a cada uno de los suyos (14:1-3). Por lo tanto, la promesa de Cristo de venir otra vez tiene un cumplimiento continuo. Él indica esto en Juan 14:16-18 cuando identifica su venida con la venida del Espíritu en Pentecostés.

Aunque su venida tiene un cumplimiento continuo, todas las diferentes maneras en que Él viene forman parte de una sola venida, la cual comienza en Belén (su primera venida) y termina con su segunda venida al fin del mundo. Así era como los profetas del Antiguo Testamento veían la venida de Cristo y no estaban equivocados. A lo largo de toda la historia de la era del Nuevo Testamento, Él viene. Además, cuando Él viene, viene tanto para juicio como para salvación.

Para cada uno de nosotros, su venida es algo con la que debemos lidiar. Al escribir estas palabras, pienso en mi propia edad y en la promesa de Cristo de venir para llevarme consigo, y sé que será muy pronto. Sé que, cuando Él cumpla su promesa de venir por mí, ese será para mí un día de juicio y salvación, porque ese día, que puede ser hoy o mañana, será el día en que entre en el cielo y disfrute la bienaventuranza de la vida eterna, pues soy, y seré, justificado delante del gran Juez. Ni siquiera sé si viviré para ver el mañana, así que debo estar velando y esperando cada hora de hoy y viviendo como si Él fuera a venir por mí hoy. La pronta venida de Cristo quizás no tenga que esperar hasta mañana. Pronto para mí, como anciano, será muy pronto.

Ciertamente esas palabras “pronto”, “rápidamente” y “en breve” significan lo que dicen, pero son palabras de Dios y no de hombres, y deben ser interpretadas a la luz de todo lo que Él dice en las Escrituras y no según lo que nosotros imaginamos. “Pronto” debe medirse en relación con la eternidad del propio Dios, y no en términos de meses y años. “Rápidamente” debe entenderse no solo en referencia a la aparición de Cristo al final de los tiempos, sino también en referencia a mi partida para estar con Él. Incluso si todavía siga siendo joven, eso será solo en unos pocos años. “En breve” debe entenderse en referencia a todas las diferentes formas en que Él viene.

Qué locura, por tanto, desechar todas las advertencias y promesas de Mateo 24 y del libro de Apocalipsis y de otros pasajes en la Palabra de Dios, como si no tuvieran aplicación para nosotros hoy, afirmando que alcanzaron su exhaustivo cumplimiento con la destrucción de Jerusalén hace casi dos mil años. Qué locura vivir como si las palabras proféticas de Cristo solo se refirieran a las personas del pasado o, al mismo tiempo, vivir como si fueran a cumplirse en algún tiempo muy lejano en el futuro, ¡mucho más allá de los pocos años que nos quedan en este mundo! Rev. Ron Hanko.


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